La solicitud del presidente del Tribunal Supremo de Justicia de destinar
el 5% del Presupuesto General del Estado al Órgano Judicial ha reabierto un
viejo debate. Sin embargo, la verdadera pregunta no es cuánto dinero necesita
la justicia, sino si más recursos, por sí solos, pueden resolver los graves
problemas que arrastra el sistema judicial boliviano.
La amenaza
del presidente del Tribunal Supremo de Justicia de paralizar las actividades
del Órgano Judicial si no se incrementa su presupuesto hasta el 5% del
Presupuesto General del Estado y no se aprueban determinadas leyes ha instalado
un debate que merece ser analizado con criterios técnicos y no únicamente
políticos.
Es posible
que la justicia requiera mayores recursos económicos. Sin embargo, fijar un
porcentaje del presupuesto sin una justificación técnica resulta difícil de
sostener. Ninguna institución pública debería definir su financiamiento
mediante porcentajes arbitrarios, sino en función de objetivos, necesidades
reales, indicadores de desempeño y resultados verificables.
Actualmente,
Bolivia destina aproximadamente el 0,47% del Presupuesto General del Estado al
Órgano Judicial, equivalente a unos 1.400 millones de bolivianos, de los cuales
cerca del 75% se destina al pago de sueldos y salarios. El país cuenta con
aproximadamente 1.200 jueces, es decir, 10,6 jueces por cada 100.000
habitantes, una cifra acorde a los estándares internacionales, que sitúa una
proporción de 10 jueces por cada 100.000 habitantes
Pero la
mejor manera de evaluar si un mayor presupuesto produce una mejor justicia es
observar la experiencia comparada.
Cuadro Comparativo (Ordenado por Presupuesto de Mayor a Menor)
|
País |
% Presupuesto del Estado |
Número de Jueces |
Población (Millones) |
Jueces por 100,000 Hab. |
Mora Judicial (Civil) |
% Detención Preventiva |
|
Costa Rica |
3.00% |
1,250 |
5.2 |
24.1 |
2 - 7 años |
26.2% |
|
Perú |
1.50% |
3,500 |
34.0 |
10.2 |
3 - 5 años |
36.9% |
|
Chile |
0.56% |
1,200 |
18.0 |
6.6 |
2 - 4 años |
34.9% |
|
Bolivia |
0.47% |
1,200 |
11.3 |
10.6 |
2 - 5 años |
58.7% |
|
España |
0.45% |
5,416 |
49.0 |
9.0 |
1 - 3 años |
18.0% |
|
Uruguay |
0.32% |
448 |
3.5 |
12.8 |
1 - 2 años |
57.0% |
|
Inglaterra |
0.23% |
3,200 |
61.8 |
5.1 |
1 - 1.5 años |
20.0% |
Los datos hablan por sí solos, los indicadores de los
problemas más importantes del sistema judicial como son la mora y la detención
preventiva, al parecer no están directamente relacionados con el mayor o menor
presupuesto del órgano judicial, si tomamos como ejemplo el caso de Costa Rica
e Inglaterra, son abismalmente diferentes, mientras en Inglaterra el
presupuesto es de tan sólo 0,23% del presupuesto general, en Costa Rica es del
3%, es decir 12 veces más que el de Inglaterra, sin embargo, los resultados son
fenomenalmente diferentes en favor de Inglaterra, ya que los ingleses tienen la
menor mora judicial, el menor número de personas con detención preventiva y
todo ello con el menor número de jueces, lo mismo pasa si comparamos España con
Bolivia, a pesar de tener presupuestos y número de jueces muy similares, los
resultados son abrumadoramente diferentes en favor de España, que tiene una
mora de 1 a 3 años y una detención preventiva de solamente 18%, frente a una
mora de 2 a 5 años y una detención preventiva de 58% en el caso boliviano, lo
mismo sucede si comparamos Uruguay, que con un presupuesto de solamente 0,32%
alcanza una mora de 1 a 3 años la más baja de todos los países comparados.
Si el presupuesto en nuestro país subiría a un 5%, eso
equivaldría unos 15.000 millones de bolivianos, lo que permitiría contratar
unos 13000 nuevos jueces, pasando de 10,6 jueces a 160,1 jueces por cada
100.000 habitantes, sin embargo, resulta difícil sostener que
semejante incremento resolvería por sí mismo la mora judicial, el abuso de la
detención preventiva o la corrupción.
La evidencia demuestra que ni un mayor presupuesto, ni
un mayor número de jueces garantizan, por sí solos, una mejor administración de
justicia. Los verdaderos factores de éxito parecen encontrarse en la
organización institucional, la calidad de los procedimientos, la carrera
judicial, los mecanismos de control y la independencia de los jueces.
Por ello, durante los últimos años hemos
insistido en la necesidad de una reforma integral del sistema judicial que
tenga su punto de partida en la propia Constitución Política del Estado y se
proyecte de manera coherente sobre las leyes sustantivas, procesales y
reglamentarias. Una reforma cimentada, por un lado, en los valores de la
libertad individual y la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, sin
excepción; y por otro, en el fortalecimiento de principios esenciales del
Estado de Derecho, como la presunción de inocencia, la irretroactividad de la
ley, la prescripción, la interpretación más favorable en caso de duda, así como
en una revisión exhaustiva de las convenciones internacionales y de todas
aquellas normas que inciden en la protección efectiva de los derechos y
garantías fundamentales.
La
discusión sobre el presupuesto judicial merece un debate amplio y responsable.
Pero ese debate no puede reducirse a la negociación de porcentajes ni a
posiciones exclusivamente políticas. La justicia constituye uno de los pilares
del Estado de Derecho y cualquier reforma debe construirse sobre evidencia
empírica, estudios comparados y criterios técnicos.
Bolivia
necesita discutir menos cuánto dinero destina a la justicia y mucho más qué
justicia quiere construir. El verdadero desafío no consiste en aumentar el
presupuesto, sino en emprender una reforma estructural que garantice una
justicia independiente, transparente, eficiente y al servicio de los
ciudadanos.
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