La nueva Ley de Estado de Excepción corrige varios defectos de la llamada Ley Copa, pero deja sin resolver dos cuestiones fundamentales que podrían determinar el éxito o fracaso de su aplicación: la ausencia de un verdadero fuero militar y policial y la falta de mecanismos eficaces para neutralizar a quienes promueven procesos de desestabilización del país. La recientemente aprobada Ley de Estado de Excepción, que reemplaza a la Ley 1341 de 2020, corrige varios de las debilidades de la “Ley Copa” ya que fortalece la capacidad operativa del Estado frente a situaciones de conmoción interna, amenazas a la seguridad nacional o desastres naturales. Sin embargo, una ley no debe evaluarse únicamente por cómo corrige la anterior, sino por su capacidad para responder a los desafíos reales que enfrenta el país, y es precisamente en este aspecto donde se observa sus mayores debilidades. La primera gran omisión es la falta de un verdadero fuero militar y policial para quienes intervienen en ...