Con el triunfo de Chávez en Venezuela en febrero de 1999, el socialismo del
siglo XXI cobraba fuerza y el proyecto neoliberal perdía terreno a nivel
mundial. A mediados de los años 2000, esta corriente, se fue reforzando con los
triunfos del MAS de Evo Morales en Bolivia y Alianza PAÍS de Rafael Correa en
Ecuador.
El triunfo del MAS en Bolivia desencadenó un giro en el sujeto activo del
cambio, la clase obrera era reemplazada por el indígena originario campesino
que se había convertido en el más firme opositor a las políticas neoliberales
de los gobiernos de la democracia pactada y en especial de Gonzalo Sánchez de
Lozada, el MAS postulaba un proceso de cambio, que tenía como ejes centrales la
convocatoria a una asamblea constituyente, la recuperación de los recursos
naturales y la revolución democrática cultural, que se denominó la “agenda de
octubre” (en referencia a los luctuosos sucesos de octubre del 2003). Con la
convocatoria a la asamblea constituyente de 2007 y la controvertida nacionalización
de YPFB, ENTEL Y ENDE, en los primeros años de gobierno se agotó la agenda de
octubre y lo que vino fue una sucesión de medidas encaminadas a reproducir el
capitalismo de Estado.
La nacionalización de las YPFB, dio al gobierno una mayor legitimidad
política, lo que fue aprovechado para consolidar su histórico triunfo electoral
de 2005 y una acumulación de su capital político suficiente para construir una
hegemonía social y política que asegure su reproducción en el poder. A partir
de ese momento una de las preocupaciones más importantes para el partido de
gobierno fue movilizar todas sus fuerzas en procura de demoler la oposición política
y consolidar su supremacía, de ahí que en una primera etapa en Bolivia se vive
una cadena de procesos electorales que ratifican y consolidan el gobierno de
Evo Morales y provocan el derrumbe de los partidos opositores al proceso de
cambio, sin embargo, pese a su derrota en el ámbito nacional, paradójicamente
los partidos de oposición se fortalecieron en las administraciones
regionales, gracias a
un discurso autonómico
que el carácter centralista del MAS no supo
enfrentar adecuadamente.
Un componente de capital importancia en la acumulación política del MAS fue
la producción e introducción constitucional de una serie de símbolos y
simbolismos patrios, como la wiphala, la flor de patujú y la escarapela junto a
los tradicionales símbolos nacionales como la tricolor nacional, el escudo de
armas, asimismo se renombro una serie de instituciones con pequeños cambios en
sus funciones y atribuciones que no representaban cambios estructurales, de esa
manera por ejemplo, se cambió el nombre de la república, por la de Estado
Plurinacional, las cortes de justicia por el de tribunales de justicia, los poderes
del estado por órganos del estado, el congreso, por la asamblea, los prefectos
por los gobernadores, etc., y todos ellos con el añadido de plurinacional, lo que
afianzó la adhesión de amplios sectores indígena originarios campesinos al
proceso de cambio. La introducción de otros símbolos y simbologías, al margen
de la constitución, como la cruz andina, la challa, en actos públicos provocó
una reacción de ciertos sectores urbanos que no se identifican con esos
símbolos aimaras y claman la recuperación de los símbolos de la bolivianidad
republicana.
Una de las características más distintivas del gobierno es su carácter
autoritario y dictatorial, la instrumentación de la justicia con fines
políticos se hizo patente en el momento mismo de la ascensión al poder, pues no
le basto derrotar a la oposición democrática en el campo electoral, si no que,
la persecución y el amedrentamiento político dejo sentada la impresión de un
gobierno intolerante con cualquier tipo de crítica interna y externa del cual
muy difícilmente podrá liberarse. No cabe la menor duda que las sucesivas
victorias del MAS disimulo los graves casos de corrupción, dilapidación de los
ingentes recursos económicos, persecución judicial, abuso de los bienes del
Estado, narcotráfico y otros que empañaron la gestión gubernamental.
El intento de modificar la constitución que permitiera la reelección indefinida
de Morales mediante el referendo realizado el 21 de febrero de 2016, fue la
primera derrota electoral del MAS en 11 años de gobierno. El desconocimiento de
los resultados del referendo mediante un fallo constitucional y la habilitación
de Evo Morales a la repostulación indefinida como un derecho humano, profundizó
la crisis política, unificando a amplios sectores urbanos de oposición y sustituyendo
la contradicción principal, capital vs trabajo, por otra sin contenido de
clase, como es democracia vs dictadura. Este cambio encumbró al ciudadano
abstracto como el sujeto político de la lucha por la recuperación de la
democracia y a las “pititas” como el símbolo de esa lucha. Las elecciones del
2019 estuvieron marcadas por el monumental fraude electoral, que terminó con la
renuncia de Morales y la estrategia fallida de provocar un vacío de poder, que
culminó en el gobierno de Jeanine Añez como un gobierno de transición cuya única
misión era llevar adelante unas elecciones limpias y transparentes.
El surgimiento de la pandemia del COVID 19, paralizó todas las actividades
económicas, políticas y sociales, afectando gravemente la realización de las
elecciones nacionales previstas para el 3 de mayo de 2020, postergando su
realización 5 meses. Jeanine Añez, una vez en el poder olvido el rol para la
que fue investida, que era llamar inmediatamente a nuevas elecciones, contaminando
el proceso de transición con su postulación a la presidencia. La falta de
voluntad unitaria de Luis Fernando Camacho y Carlos Mesa, transformaron el
periodo de transición en un periodo de disputas internas en el bloque
democrático. Los escándalos de corrupción, la postulación de Jeanine Añez, la
falta de unidad y la crisis económica, agudizada por la pandemia, asfaltaron el
camino de regreso del MAS al poder.
(Este es el cuarto artículo de un pequeño ciclo de análisis de la coyuntura
política)
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