En Bolivia, el modelo del nacionalismo
revolucionario surgido después de la guerra del Chaco conquisto el poder y
realizó las más grandes transformaciones de todos los tiempos. La Guerra del
Chaco dejó al país con enormes pérdidas territoriales y graves consecuencias
económicas y políticas. Durante la guerra, se revelaron varias fragilidades
estructurales del país, como la discriminación y exclusión social, política y
económica de los indígenas que eran la gran mayoría nacional, la incapacidad de
gobierno de articular territorial y socialmente al país, la falta de
identificación de las élites gobernantes con los destinos del país, la falta de
un proyecto de Estado, etc.
El Movimiento Nacionalista Revolucionario
(MNR), capto los anhelos de los combatientes del Chaco e impulsó la revolución
nacional del 52 que derrotó a la rosca minero feudal. En el horizonte
ideológico de la lucha de clases opto por una alianza de clases, para la
construcción de la nación boliviana, impulsora de una burguesía nacional, que a
la postre derivó en la construcción de una “burguesía paraestatal” debido
a la fuerte intervención del Estado en la dirección de la economía.
El MNR, impulsó un programa de gobierno
revolucionario cuyas medidas históricas fueron la nacionalización de las minas,
la reforma agraria y el voto universal, ésta última como una de las conquista
jurídicas y políticas más importantes de toda la historia republicana, que
significó la igualdad jurídica ante la ley de todos los bolivianos y el
reconocimiento de la ciudadanía sin discriminación por el sexo, edad, origen,
idioma, credo, estado civil, condición económica, grado de instrucción etc.,
superando la odiosa exclusión social y política de la Bolivia oligárquica.
La revolución del 52 encontró numerosos
obstáculos que limitaron su avance y condujeron a un retroceso. A pesar de sus
grandes medidas revolucionarias, la corrupción, la falta de continuidad en las
transformaciones y los conflictos internos debilitaron el proceso
revolucionario, sin embargo, al día de hoy muchos de sus postulados siguen
siendo válidos y deben formar parte de cualquier proyecto de país.
El gobierno de Torres intentó retomar el proceso
revolucionario, pero la timidez de las Fuerzas Armadas y la radicalización de
la izquierda y la abultada burocracia creada por el MNR se convirtió en un
obstáculo para profundizar el proceso revolucionario. Con el golpe de
Barrientos, comenzó una etapa de gobiernos militares que paralizaron la
revolución nacional y promovieron un capitalismo de Estado distorsionado,
clientelar y corrupto que frenó el desarrollo industrial y económico del país.
Tras 18 años de dictaduras militares, se
restableció el sistema democrático de respeto de las libertades y garantías
ciudadanas, el nuevo gobierno populista de la UDP bajo el liderazgo del Dr.
Siles Suazo impulso un nuevo gobierno nacionalista de izquierda democrática que
provocó una de las mayores crisis económicas del país, ocasionando la mayor
hiperinflación de nuestra historia, lo que produjo un descontento social que
llevó a la convocatoria de elecciones adelantadas y la derrota de la UDP y los
partidos de izquierda.
En las elecciones adelantadas de 1985, el
triunfo correspondió al ex dictador Hugo Banzer Suarez, seguido muy de cerca
por el líder histórico del MNR, el Dr. Víctor Paz Estensoro, quien en la
elección parlamentaria resulto electo con el apoyo de los partidos de
izquierda, sin embargo, meses más tarde se firmaría el pacto por la democracia
entre el MNR de Paz Estensoro y ADN de Hugo Banzer, lo que inauguraba el
periodo de lo que se denominó el periodo de la democracia pactada, cuyo
principal objetivo fue la implementación de una política de estabilidad
económica y política, esta última marcada por una política de pactos que con el
tiempo derivaron en acuerdo partidarios poco claros y muchas veces
inescrupulosos que terminaron en pactos de repartición de puestos y prebendas
sin responsabilidad política.
La democracia pactada, poco a poco fue
profundizando el ideal neoliberal y tuvo su punto culminante en la
capitalización de las empresas públicas más emblemáticas del capitalismo de
Estado como ENTEL, YPFB, LAB, ENDE. En el campo social y político su
penetración fue de tal importancia que empezó ganando terreno en sectores
tradicionalmente de izquierda como los sindicatos de mineros y campesinos que
comenzaron a apoyar a los partidos considerados neoliberales, además,
destacados intelectuales de izquierda respaldaron la privatización de empresas,
transformando la resistencia al neoliberalismo en marginal, salvo sectores como
los cocaleros y los pueblos indígenas que comenzaron a exigir el reconocimiento
de sus territorios y la convocatoria a una asamblea constituyente.
(Este
es el tercer artículo de un pequeño ciclo de análisis de la coyuntura política)
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