Sin embargo, las relaciones de odios, traiciones, acuerdos,
contubernios entre los indígenas y las elites españolas, luego criollas, luego
señoriales y hoy mestizas continuó a lo largo de estos más de quinientos años
de la historia de lo que hoy es Bolivia.
Un dato que resalta en todos estos encuentros o desencuentros
es que todos los momentos de definición o momentos constitutivos (Zabaleta)
siempre estuvieron marcados por el lugar que ocuparon los indígenas y el lugar
que ocuparon las elites criollas, señoriales y mestizas, de esta manera,
quienes lucharon en la guerra de la independencia de nuestro país como soldados
rasos, fueron en su gran mayoría (por no decir en su totalidad) indígenas, sin
embargo, quienes se hicieron del poder, fueron las elites criollas y los
indígenas quedaron relegados e invisibilizados luego de la victoria.
Quienes lucharon en la guerra del pacífico, en la guerra
civil, en la guerra del chaco como soldados rasos y la sub oficialidad fueron
en su gran mayoría (por no decir en su totalidad) indígenas, sin embargo,
quienes se quedaron en el poder con todos los derechos y privilegios de la
victoria fueron las elites señoriales republicanas y los indígenas quedaron
relegados e invisibilizados luego de las victorias.
La llegada del MAS al poder,
significo la usurpación de la representación indígena en las instituciones de
estado, que en su nombre instauró un régimen autoritario ligado a la ideología
del socialismo del siglo XXI, que se jactaba de la estabilidad económica y la
inclusión política como logro de su gobierno. Hoy la estabilidad económica y el
blindaje de la economía hace aguas y la inclusión política es el resultado del
reconocimiento de la ciudadanía en el 52 y de la ley de participación popular.
Lo único que queda del proceso de
cambio es la usurpación de la representación indígena, por parte de personajes
disfrazados de indígenas que desconectados de la realidad agraria nunca
lucharon por las necesidades de los indígenas, ni cuestionaron la calidad
usufructuarios de la tierra, por lo que
nunca demandaron la propiedad individual del solar campesino, al contrario son
los más firmes impulsores de la propiedad colectiva de la tierra, que mantiene
a los indígenas sometidos a los caprichos y voluntades de caciques,
sindicalistas, jilakatas y poderosos de las comunidades indígenas, que en
contubernio con los dirigentes masistas, conservan la calidad de pongos
políticos al igual que el MNR, con la diferencia de que además de su
instrumentalización en las elecciones, les han asignado el rol de bloqueadores,
marchantes y chicoteadores de quien contradiga los postulados masistas.
A lo largo de nuestra historia la
realidad de los indígenas ha sido abordado desde una visión racial, étnica o
folclórica, que ha dividido a los bolivianos, entre aquellos que los desprecian
y aquellos que los glorifican, esta polarización de sentimientos hacia los
indígenas se debe a que ambos abordajes están llenos de prejuicios, recelos y
desconfianzas, entonces para evitar ahondar este problema muchos o la gran
mayoría ha optado por ignorar el tema y concentrar toda discusión en temas
macro económicos, macro sociales o macro políticos, que invisibilicen la
presencia indígena en cada tema.
Fernando Molina señala que uno de los
mayores actos de racismo es la invisibilización de los indígenas, por ellos es
fácil concluir que mientras ignoremos su presencia, o la veamos desde una
visión racial, llenos de prejuicios y desconfianzas, seguirán siendo los
“invisibles y excluidos, pero siempre presentes” como señala Iván Velásquez y nunca
podremos construir la nación de los ciudadanos bolivianos.
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