La aplicación de la ley y la protección de los derechos fundamentales no son conceptos opuestos. Sin embargo, en Bolivia se ha extendido una narrativa que confunde deliberadamente la comisión de delitos con la vulneración de derechos humanos, debilitando la autoridad del Estado y distorsionando el verdadero sentido de las garantías constitucionales. En los últimos años se ha instalado en el debate público una idea tan difundida como equivocada: que toda acción estatal orientada a restablecer el orden constituye automáticamente una violación de derechos humanos. Bajo esta lógica, la detención de una persona que comete un delito, la intervención para desbloquear una carretera o la ejecución de medidas destinadas a garantizar el cumplimiento de la ley son denunciados como violación de los derechos fundamentales. Nada más alejado de la realidad. El Estado de derecho y la democracia descansan sobre un principio elemental: la vigencia de la Constitución y de las leyes. Sin orden jurídi...