La
inestabilidad política en las alcaldías del país es un mal endémico que se
viene arrastrando desde hace muchísimo tiempo, la forma como está concebida la
relación del Alcalde y el consejo municipal, da lugar a que en la mayoría de
las veces los Alcaldes dependan de la alianza de otras fuerzas políticas, que a
veces con un solo concejal definen la gobernabilidad del Municipio y cuando cualquier
concejal de la alianza tiene problemas con el alcalde y le retira su apoyo el
municipio entra en una crisis de gobernabilidad profunda que en la mayoría de
la veces termina con la renuncia del Alcalde. Por ello es urgente una nueva
arquitectura legal que dé estabilidad política a los municipios. Existen una
serie de fórmulas y diseños legales, que logran darle estabilidad a los
gobiernos locales, que van desde la elección de alcaldes con planchas de concejales
de mayorías y minorías y otras en el que la renuncia del alcalde implica
necesariamente el llamado a nuevas elecciones tanto del alcalde como de los
concejales, de forma que en ambos casos se garantiza la gobernabilidad de las
autoridades ediles, sin coartar el derecho de fiscalización y control de los
concejales. Sin embargo, la fórmula que se aplica en nuestro país, es el de las
peores, porque permite que cualquier conspiración o desestabilización del
ejecutivo municipal, se resuelva al interior del concejo, lo que despierta la
ambición de muchos concejales de erigirse en los nuevos alcaldes, que, con
viveza criolla, negocian cargos y otras responsabilidades que casi nunca son
desdeñadas. Una vez más podemos ver que necesitamos una nueva Constitución Política
del Estado que resuelva este y otros agudos problemas políticos, económicos y
sociales, fruto de la absurda orientación política que introdujo el masismo.
Atte Gustavo Blacutt Alcalá.
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